El humilde contenedor y su asombroso renacimiento

Los contenedores son baratos, comunes y resistentes a muchas de las amenazas que los edificios suelen enfrentar, como el fuego, el moho y las termitas. Y lo más importante, ya están fabricados.

Según cuentan, en 1937 un joven camionero llamado Malcolm McLean había llevado una carga de algodón a un puerto en Hoboken, Nueva Jersey. Mientras veía cómo los trabajadores transportaban lentamente las cajas a mano hacia un barco, pensó que tenía que haber una mejor manera de hacerlo.

Y la hubo: una gran caja de metal que se podía separar del camión que la transportaba y ponerla en un barco. Y 20 años después de haberla imaginado, McLean estaba listo para mostrar su invención al mundo. Cargó un exbuque militar con 58 “remolques”, como el New York Times llamó a los contenedores en 1956, y partió para cambiar la historia.

Poco sabía McLean que el contenedor intermodal, como se le llamaría más adelante, no solo revolucionaría el comercio al reducir el costo del trasporte, sino que también encontraría una segunda vida gracias a la arquitectura.

Económico, resistente y obviamente fácil de transportar, el contenedor encontró un uso alternativo fuera de los puertos en la década de 1960 como caseta portátil para las ferias comerciales. Pero la primera indicación de que alguien quería convertirlo en un “edificio habitable” vino de una solicitud de patente de 1987. Siete años después, el gurú futurista Stuart Brand de la revista contracultura Whole Earth Catalog agregó a su perfil su libro How Buildings Learn, que escribió en un contenedor reacondicionado.

Pero el padre de la moderna arquitectura con contenedores, o “cargotectura”, es el arquitecto estadounidense Adam Kalkin, cuyo trabajo en el campo abarca desde hogares de lujo en Estados Unidos hasta orfanatos en Sudáfrica.

“Los contenedores se usan principalmente en arquitectura como piezas de bajo costo en un proceso iterativo”, dijo Kalkin en un correo electrónico. “Eso está bien, es necesario e importante. Pero los resultados son predeciblemente pedestres. Nosotros hacemos proyectos que nos divierten”.

Esta idea de diversión es evidente en su Push Button House, una habitación totalmente amueblada dentro de un contenedor que se abre utilizando la hidráulica, presentada en la Bienal de Venecia de 2007.

 

El proyecto que Kalkin hizo en 2003, 12 Container House, todavía se cita a menudo como uno de los ejemplos más elegantes y funcionales de la arquitectura con contenedores. Desde entonces, dice, las cosas han cambiado.

“Se ha puesto de moda, así que ahora no tienes que superar tanta incredulidad cuando trabajas con personas”, dijo. “Cada proyecto es otra oportunidad para definir el futuro de la arquitectura de contenedores. En este momento estamos uniendo el ambientalismo duro con la tecnología súper nerdy“.

La naturaleza “sobre la marcha” de la arquitectura con contenedores ha convertido a sus pioneros en héroes. Entre ellos se encuentra Peter DeMaria y su residencia Redondo Beach House de 2006, la primera estructura dos pisos hecha con contenedores que cumple con el Código Nacional de Construcción en el sur de California, una zona propensa a los terremotos.

La vivienda fue diseñada para combinar acero de gran calibre y materiales de alta calidad sin dejar de ser asequible. “Constantemente planteamos la pregunta, ‘¿cómo puede ser una casa?’ en lugar de estar atrapados en ‘¿cómo han sido las casas hasta hoy?’”, explicó DeMaria en una entrevista por correo electrónico.

“Fue la punta de lanza de todo un movimiento en el mundo de la arquitectura y hoy estamos presenciando el impacto con la multitud de proyectos que utilizan contenedores reciclados“.

Los contenedores, señaló, son baratos, comunes y resistentes a muchas de las amenazas que los edificios suelen enfrentar, como el fuego, el moho y las termitas. Y lo más importante, ya están fabricados.

“Con demasiada frecuencia, los creativos buscan reinventar la rueda, pero ya estamos rodeados de soluciones innovadoras en industrias no relacionadas con la arquitectura”, dijo DeMaria.

Las casas hechas con contenedores varían en estilo y costo. Algunas son asequibles, configurables y ecológicas, como las prefabricadas desarrolladas por Mods International, con sede en Wisconsin. La compañía vende una casa contenedor completamente equipada y sin lujos en Amazon por 23,000 dólares.

Otros prefieren explotar el factor sorpresa, como la Joshua Tree Residence, una casa de 195 metros cuadrados hecha de contenedores blancos que emergen de un punto central, que se construirá en 2018 a las afueras del Parque Nacional Joshua Tree en California.

James Whitaker, el arquitecto londinense responsable de su diseño, piensa que los contenedores ofrecen un desafío divertido. “Te dan un módulo muy estándar para trabajar, y tienes que hacerlo interesante. Son esencialmente del ancho de una cama, por lo que es un desafío ver qué espacios interesantes puedes crear con tal limitación”, dijo en entrevista telefónica.

El futuro

Los contenedores siguen siendo una opción popular para el alojamiento de emergencia o temporal y para estudiantes (un reciente ejemplo notable son los dormitorios modulares de Urban Rigger de Bjarke Ingels en Copenhague), también sirven como tiendas, escuelas, invernaderos e incluso piscinas.

¿Pero qué tal un estadio completo? La firma de arquitectura Fenwick Iribarren Architects de Madrid planea construir una de las sedes de la Copa Mundial 2022 en Catar a partir de unos mil contenedores.

No solo costaría la mitad que un estadio convencional, afirman, pero una vez que termine el torneo, toda la estructura podría ser desmantelada y trasladada a otro lugar. “Es la solución perfecta”, dijo el diseñador Mark Fenwick en una entrevista telefónica.

“En lugar de dejar como herencia un elefante blanco, después del evento se pueden construir 20 o 30 sitios deportivos más pequeños en otro lugar a partir de esta estructura, y el sitio original puede convertirse en un parque público o un espacio para el desarrollo inmobiliario”.

Las propuestas más extravagantes, que incluyen una presentada en 2015 para un rascacielos, no están exentas de críticas. “Hay una escuela de puristas que usa los contenedores como un módulo de construcción de bajo costo y otros que lo utilizan principalmente como un elemento de diseño arquitectónico, porque les gusta el aspecto industrial”, señaló Roger Wade, el empresario que construyó el Boxpark, un centro comercial de 60 contenedores en Londres que describe como el primer centro comercial pop-up o efímero del mundo.

Después de usar los contenedores como una alternativa barata a los stands en las ferias comerciales, Wade pensó en usarlos para una tienda minorista itinerante, es decir, que pudiera trasladarse a diferentes lugares, una idea inspirada en el trabajo de Adam Kalkin. Boxpark abrió sus puertas en el distrito londinense de Shoreditch en 2011. “En aquellos días tenía problemas para encontrar un arquitecto que supiera algo sobre la arquitectura de contenedores, apenas estaba en pañales. La gente lo ve ahora y piensa que es obvio, pero no era así en aquel tiempo”, dijo.

Pero ahora, argumenta Wade, la popularidad de los contenedores está haciendo que algunos diseñadores malinterpreten su naturaleza. “Utilizo contenedores tradicionales y entiendo sus limitaciones. Algunos diseños tienen voladizos y contenedores colgando unos de otros: estos ni siquiera son contenedores, están hechos para parecerse a ellos, pero son estructuras a medida que cuestan una fortuna. Eso ya está lejos de ser una forma de construcción de bajo costo”, afirmó.

Según DeMaria, la evolución del diseño con contenedores ha sido como cualquier otro movimiento en la arquitectura. “Hay proyectos increíbles y luego hay proyectos desafortunados”, apuntó.

“Un puñado de arquitectos han forzado los límites con los contenedores y cuanto más se construyan estos proyectos, más creativa será la próxima generación de diseño basado en contenedores“.

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