Casas modulares: la nueva tendencia que llegó a la Argentina

El 90 por ciento de la obra se realiza en una planta industrial; una vivienda de 90 metros cuadrados está terminada para habitar en tan solo tres meses y no depende de las variaciones climáticas.

Las necesidades actuales de una sociedad sumida en una crisis habitacional -con un déficit de al menos 3,5 millones de viviendas-, la demanda de las nuevas generaciones (que necesitan cumplir sus deseos de una casa propia) y los valores para adquirir una propiedad ofrecen una oportunidad para pensar creativamente la construcción. Eso es lo que está sucediendo desde hace unos años en el sector enfocado en proyectos sustentables que buscan innovar el modo de habitar y que se engloba bajo el concepto de casas modulares.

Todo comenzó con la reutilización del container para fines residenciales en 2001 en Holanda. La propuesta pronto se convirtió en una tendencia que triunfa en todo el norte de Europa y España y ahora se hace un lugar en la Argentina. “En el mundo ya hay hoteles, oficinas, viviendas, shoppings, tiendas y restaurantes, entre otros usos que se le da a esta nueva forma de arquitectura. Como transporte de mercaderías, los containers tienen una vida útil de tan solo 14 años. Así, en la construcción modular, una cantidad desmesurada de materiales nobles, no renovables, ahora puede encontrar un nuevo ciclo útil cambiando la cara de la arquitectura. Se reutilizan más de 4000 kilos de acero que antes terminaban abandonados en un puerto”, explica el desarrollador inmobiliario Exequiel Milani quien trajo, bajo el nombre de Suite Box, el método de construcción al país.

“Muchos son escépticos sobre este tipo de construcción. Culturalmente la casa tradicional de ladrillo fue implantada en la mente de nuestra sociedad por décadas. A todos nos criaron en un hogar con paredes tradicionales y techo de tejas. Pero hoy los materiales han cambiado y proponen innumerables mejoras en su condición de ahorro energético y de rápida construcción. Cuando los clientes ven las casas finalizadas, se sorprenden con el nivel de terminaciones y el diseño y confort que poseen. Hoy explotó el mercado por necesidad y por tendencia y ya son muchos los que deciden vivir en este tipo de hogares: prácticos, cómodos, transportables, accesibles y sustentables”, asegura Milani.

El método

El 90 por ciento de la obra se realiza en una planta industrial. El 10 por ciento restante se ejecuta en el terreno y tiene que ver con las instalaciones de la casa a los servicios públicos, agua, luz y la cámara séptica. Al hacerse en una planta, los tiempos de construcción son muy rápidos. En el mejor de los casos, en 90 días una vivienda de 90 metros cuadrados puede estar terminada y el proceso de fabricación no se ve afectado por las inclemencias climáticas. “Lascasas modulares se construyen según exigencias de los institutos de la vivienda con los espacios mínimos exigidos y se pueden generar casas de las medidas que el cliente quiera. Este método simplemente cambia la forma de construir. Una vez ensamblados en su destino final, no se aprecia que fueron módulos sino todo un conjunto armónico con estilo moderno”, dice Ignacio Cuenca, socio gerente de Modufox, otra de las empresas que ofrece este tipo de construcción en el país.

“La construcción en seco es el sistema constructivo más utilizado para la vivienda individual y colectiva en los países de mayor desarrollo económico del mundo. Estados Unidos, Canadá, Australia, los países escandinavos y Nueva Zelanda, entre otros, lo eligen. Ofrece la opción de combinar un amplio espectro de tecnologías de producción y, además, posibilita las ampliaciones (extensiones) sin perturbar el uso de la vivienda”, afirma Diego García Pezzano, de la Cámara Argentina de Aserraderos de Madera, Depósitos y Afines (Cadamda).

Más allá de la etapa de construcción en sí, los desarrolladores aseguran que, como los módulos son resistentes y durables, no presentan problemas de filtraciones, humedad, rajaduras, ni otros inconvenientes que suelen tener quienes habitan en una vivienda tradicional. “Como ventajas adicionales de su practicidad podemos mencionar que fácilmente pueden desmontarse y trasladarse a otro terreno si deciden cambiar de barrio -se cargan a un camión con una grúa- y también pueden ampliarse con el tiempo. Es habitual que nuestros clientes comiencen construyendo un módulo pequeño de 30 o 45 metros cuadrados – el tamaño de su actual departamento- y luego vayan anexando nuevos módulos para finalizar con una casa de hasta 150 metros cuadrados. Es más, por lo general, los clientes dejan de pagar el alquiler y se mudan a un terreno con todo el verde. Muchas veces nos ocurrió que ensamblamos la casa en el lote y todo el proceso demandó menos tiempo que la construcción de la pileta”, amplía Milani.

Materiales

Aunque los que operan en el mercado aseguran que todavía hay que luchar contra el mito de que la construcción industrializada es de baja calidad, las casas modulares se fabrican con materiales de altos estándares. Doble vidrio hermético, revestimientos novedosos, perfilería de acero con mayores resistencias que el hormigón, son algunas de las opciones que el cliente puede elegir al momento de la compra. Por citar otro ejemplo, la composición de las paredes de espuma de poliuretano le brinda una óptima temperatura de confort. Éste es el material con mayor poder de aislación disponible en el mercado. Además, está incluida en la categoría A dentro de la escala de eficiencia térmica según la ley de eficiencia energética promulgada hace cuatro años y que obliga a los arquitectos a informar la categoría de aislación térmica de la construcción, que es una oblea igual a la que viene pegada en freezers y heladeras.

Los costos

Este método constructivo reduce los costos un 40 por ciento respecto del método tradicional. En tanto se construye en un entorno cerrado, es decir, la planta industrial, los obreros no tienen que trasladarse, no hay inclemencias climáticas y las casas se fabrican en “serie” por mano de obra especializada en cada rubro. Por otro lado, al momento de concretar la compra, se define un precio fijo. Así, el efecto de la inflación que suele afectar la construcción tradicional, no tiene incidencia alguna sobre el valor final del proyecto. Por último, dado que las casas se construyen en poco tiempo, también se evita pagar expensas e impuestos del terreno que se adquirió para construir, sin estar viviendo allí.

“Las grandes ventajas de este método son el tiempo de ejecución de la obra que se reduce a la mitad, la calidad constructiva, y la ausencia de adicionales sorpresivos en los presupuestos. En cuanto al metraje, en tanto que la construcción se realiza por módulos, no tiene límites: a mayor necesidad de metros, más módulos”, indica el diseñador de interiores César Stivaletta que trabaja junto al arquitecto Andrés Yanibeli y se ocupa de customizar la vivienda, dependiendo de las necesidades del cliente. Así, los valores de inversión oscilan entre los US$700 y los US$900 por metro cuadrado según categoría de terminaciones, distancias de posicionamiento en destino final y otros detalles.

Impacto ambiental

Reutilizar contenedores para la construcción es sustentable. En tanto que el 100 por ciento del mismo se recicla, la huella de carbono es igual a cero. Tampoco hay excavación de cimientos en el terreno, dado que el montaje se realiza sobre pilotes de apoyo y, posteriormente, la vivienda se puede mover a cualquier lugar a voluntad sin afectar la tierra. Eso no es todo. Hay una utilización óptima de los recursos: el uso de materiales de construcción tradicionales como la madera, el hormigón, el yeso de revestimiento, el agua y el vidrio aislante se reduce al mínimo.

La construcción en seco minimiza además la contaminación urbana. Los contenedores usados son un desecho de la sociedad y, en cierto momento de su vida útil, se torna más costosa su reparación o revalorización que la construcción de uno nuevo. Esto se traduce en el abandono como desecho de hasta un tercio de los contenedores usados en cualquier puerto, lo que ocupa un valioso espacio urbano.

En resumen, durante su construcción, el uso de materiales, la gestión de residuos, el ahorro energético, el bajo impacto en obra y la utilización del 100 por ciento del contenedor, hacen del sistema una opción de alto interés en términos de sostenibilidad. Finalmente, en lo que refiere a su uso, la vivienda consume poca energía eléctrica y los materiales herméticos le otorgan aislación térmica y acústica. Además, es incombustible, no es comestible por insectos ni roedores y es hidrorepelente, es decir que el agua y la humedad no la afectan. Los módulos fabricados pueden instalarse en cualquier tipo de terreno. Son antisismos y auto-portantes, por lo cual pueden apoyarse sobre pilotines, zapata corrida o platea.

Casos de éxito

En 1959, la empresa Edil Sud, en Comodoro Rivadavia, tuvo un rol significativo en la demanda de viviendas para la industria del petróleo y gas en esa época. Las casas se fabricaban íntegramente en taller con la tecnología de producción en cadena (es decir, al igual que un automóvil).

Este año, la empresa Modufox produjo, en su planta de Moreno en la provincia de Buenos Aires, un hotel de gerentes en tan solo 90 días. El ensamblado incluyó 12 habitaciones con aislación térmica para soportar temperaturas de -20° con 100 mm de poliuretano, y decoradas con materiales de primera calidad y estilo moderno. Cada dormitorio, amoblado con camas de plaza y media, tiene escritorio y vestidor. El predio cuenta además con galería, parrilla, comedor, cocina, living y gimnasio. La construcción completa fue montada en el Salar de Olaroz a 4000 metros de altura, en una minera en la provincia de Jujuy.

Eco suite box es el prototipo 100 por ciento sustentable que está construyendo la firma Suitebox. Se trata de una vivienda que logra condiciones óptimas de habitabilidad con el mínimo consumo energético. Es autosuficiente y auto regulada, con un mantenimiento económico que no depende de fuentes locales de energía (electricidad, gas, carbón, etc.). Por el contrario, ésta procede mayoritariamente de fuentes naturales gratuitas. La casa reutiliza el agua de lluvia, produce su energía, trata los residuos que genera su usuario y ahorra recursos. Cambia todo cambia y la construcción también tiene su ola de desafíos.

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